Los campesinos
Los campesinos La casa de Rigou, la más hermosa del pueblo, estaba construida con grandes piedras sin pulir, particulares de la Borgoña, unidas por mortero amarillo extendido a lo ancho de la trulla, con lo que se consigue una especie de ondas interrumpidas aquí y allá debido a que, generalmente, uno de los lados de esas piedras es negro. Una banda de mortero, sin la menor mancha de sílex, dibujaba en cada ventana un encuadre que el tiempo había ido rayando con grietas de formas caprichosas, como las que se ven en los viejos techos. Los postigos, muy bastos, se distinguían por una sólida pintura de un verde dragón. En el tejado había algunas manchas de musgo sobre el gris de la pizarra. Es el tipo de las casas borgoñonas; cualquier viajero al atravesar esta porción de Francia, las ve a miles como aquélla.
En un corredor, a mitad del cual estaba la caja de una escalera, se abría una puerta falsa. Desde esa puerta se veía otra que correspondía a una gran sala con tres ventanas que daban a la plaza. La cocina, construida debajo de la escalera, recibía la luz de un patio cuidadosamente empedrado al que se entraba por una puerta cochera. Eso era la planta baja.
El primer piso se componía de tres habitaciones, y encima una pequeña habitación como una buhardilla.