Los campesinos

Los campesinos

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Su vestido, el mismo siempre, consistía en una larga levita azul con cuello militar y una corbata negra, un pantalón y un amplio chaleco también negros. Los zapatos, de resistentes suelas, claveteados, y dentro, unos calcetines hechos por su mujer durante las largas veladas de invierno.

El nombre de pila de Rigou era Gregorio. Así, sus amigos no renunciaban a ninguno de los chistes que la G de su nombre invitaba a hacer, a pesar del uso inmoderado que se había hecho de ellos durante los últimos treinta años. Se le saludaba con frases como estas: «¡Ge, Rigou!», «Rigoulard», etc., pero especialmente con el apelativo de Grigou (G. Rigou)[7].

Aunque este esbozo pinte su carácter, nadie podría imaginar hasta qué punto, sin oposición y en la soledad, había llevado el ex benedictino la ciencia del egoísmo, la de la buena vida y la de la voluptuosidad bajo cualquier forma en que se presentaran. En primer lugar, comía solo, servido por su mujer y por Anita, quienes, cuando él terminaba de comer, se sentaban a la mesa con Juan en la cocina, y mientras él digería la comida bebiendo vino de su propia cosecha y leyendo las noticias.

En los medios rurales, nadie conoce los periódicos por su nombre, sino que se reúnen todos bajo el nombre genérico de las noticias.


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