Los campesinos
Los campesinos —En fin, ya está usted prevenido —dijo Sibilet, que se sentÃa apaleado como un jumento.
—¿Prevenido de qué? —preguntó cortésmente Rigou.
—De lo que hará el Tapicero —contestó humildemente el administrador—; ha ido furioso a la Prefectura.
—Y que vaya. Si los Montcornet no gastaran ruedas, ¿qué serÃa de los carroceros?
—Esta noche le traeré mil escudos, a las once… —dijo Sibilet—; pero usted deberÃa preocuparse de mis asuntos, cediéndome alguna de sus hipotecas vencidas…, una que pudiera valerme unos buenos lotes de tierra…
—Tengo la de Courtecuisse y quiero hacer algo con ella, porque él es el mejor tirador del departamento; si te la cedo, parecerá que te echas sobre este pillo por cuenta del Tapicero, y será como matar dos pájaros de un solo tiro; será capaz de todo cuando se vea más hundido que Fourchon. Courtecuisse se ha arruinado con la Bâchelerie; él ha cuidado muy bien la tierra y ha reforzado los muros del jardÃn. Esta pequeña propiedad vale cuatro mil francos, y el conde te los dará por los tres arapendes que la constituyen. Si Courtecuisse no fuera un ansioso y un borracho, habrÃa podido pagar fácilmente los intereses sólo con lo que saca de la caza.