Los campesinos
Los campesinos Las dos señoras Gourdon —pues en Soulanges, como en Dresde y en algunas otras capitales alemanas, las personas de la alta sociedad se preguntan al encontrarse: «¿Cómo está su señora?». Y comentan: «No estaba con su señora; he visto a su señora y a la señorita, etc.». En París se consideraría esto como algo escandaloso y de mal tono. En Soulanges, como en Ginebra, Dresde o Bruselas, únicamente existen esposas, no mujeres; no se pone en los escritos, tarjetas, etc… y esposa, sino su señora esposa—. Las dos señoras Gourdon, decíamos, no podían compararse más que a esos infortunados comparsas de teatros secundarios, a quienes los parisienses conocen por las frecuentes burlas de que son objeto. Para terminar la descripción de aquellas señoras, bastará con decir que pertenecían al género de las buenas mujercitas; los burgueses, aún los menos ilustrados, encontrarán a su alrededor los modelos de tan esenciales criaturas.
Es inútil hacer observar que Guerbet tenía un amplio conocimiento de los asuntos financieros, y que Soudry podía ser ministro de la Guerra. Así, no solamente cada uno de esos excelentes burgueses disponía de una de esas especialidades tan necesarias a los personajes de provincias para que sean considerados como tales, sino que cada uno de ellos cultivaba su campo, sin rival alguno en los dominios de la vanidad.