Los campesinos
Los campesinos Al final de esa garganta, de un centenar de pasos, las carreteras de Ronquerolles y de Cerneu se cruzan entre sÃ, presididas por una cruz. Desde uno u otro repecho un hombre puede matar a cualquiera que pase por allÃ, con mayor facilidad toda vez que en esa eminencia era lo más fácil para un malhechor esconderse entre las cepas de las viñas. De ahà que el usurero, siempre prudente, jamás pasase por allà de noche; el Thune rodea ese montÃculo al que llaman el Otero de la Cruz. No podÃa imaginarse un lugar mejor para una venganza o un asesinato, ya que el camino que conduce a Ronquerolles se dirige al puente del Avonne pasando por delante del lugar de reunión para la caza, y el camino de Cerneux llega más allá de la carretera principal, de modo que el presunto asesino hubiera podido escoger la retirada entre los cuatro caminos de Les Aigues, de la Ville-aux-Fayes, de Ronquerolles o de Cerneux, dejando en la duda a los que tratasen de darle caza.
—Voy a dejarte a 4a entrada del pueblo —dijo Rigou en cuanto vio las primeras casas de Blangy.
—Eso lo hace a causa de Anita, viejo cobarde —exclamó MarÃa—. ¿La despedirá pronto? Hace ya tres años que está con usted… Lo que más gracia me hace es que su vieja sigue gozando de buena salud… Es la venganza del buen Dios.