Los campesinos
Los campesinos —Durante las veladas se contaban casos asÃ, pero nunca me lo habÃa creÃdo.
—Me ha garantizado que nada de lo que se haga contra mà tendrá éxito, que nadie podrá robarme jamás, que viviré cien años sin estar enfermo, que me saldré de todo y que hasta la hora de mi muerte seguiré joven como un gallo de dos años…
—Bien se ve que sà —repuso MarÃa—. Si es asÃ, le será endiabladamente fácil salvar a mi hermano del servicio militar…
—Si él lo quiere, pues para conseguirlo no tiene más que disponerse a perder un dedo —prosiguió Rigou—, y yo le diré cómo.
—Pare. ¿Usted sigue el camino de arriba? —preguntó MarÃa.
—De noche nunca voy por otro —respondió el ex fraile.
—¿A causa de la cruz del término?
—Lo has adivinado, muchacha —contestó el diabólico personaje.
HabÃa llegado a un lugar en el que la carretera cantonal iba por una especie de trinchera cortada en una pequeña elevación del terreno. Ese paso presentaba a ambos lados unos repechos, tan frecuentes en las carreteras francesas.