Los campesinos
Los campesinos Juanita, que aún llevaba puesto el gorro de dormir, una falda corta y los pies sin medias metidos en unas zapatillas, al estilo de la gente campesina, y que se habÃa ajustado un mantón sobre la almilla, el cual no ocultaba por entero Sus juveniles encantos, no parecÃa menos apetitosa que el alabado jamón de Soudry. Bajita, regordeta, con los brazos al aire y veteados de rojo, al final de los cuales unas manos anchas, con hoyuelos y de dedos cortos bien formados, demostraban lo saludable de su constitución. Era el auténtico tipo de la borgoñona, colorada, pero pálidas las sienes, el cuello y las orejas; el pelo castaño, los ojos ladeados hacia las orejas, las ventanas nasales amplias, la boca sensual y un poco de pelusa en las mejillas, unido todo a una expresión vivaz, pero atenuada por una actitud modosa y falaz, hacÃan de ella el verdadero modelo de la criada rapaz.
—En verdad que Juanita se parece al jamón —aseguró Rigou—. Si no tuviera una Anita, me gustarÃa tener una Juanita.
—Vale tanto la una como la otra —respondió el ex gendarme—, pues su Anita es dulce, rubia, delicada… ¿Cómo sigue la señora Rigou…? ¿Está durmiendo…? —prosiguió bruscamente Soudry, para hacer ver a Rigou que habÃa comprendido la galanterÃa.