Los campesinos
Los campesinos —¡Vaya por Dios! Quisiera tener la mano donde tiene usted el corazón —dijo Gaubertin—. ¿Y qué piensa hacer?
—Lo mismo que haga usted. ¿Cuál es su plan?
—Mi plan —respondió Gaubertin— es vender la mitad de lo que compre a todos los de Conches, Cerneux y Blangy que deseen adquirir. El señor Soudry tendrá sus negocios en Soulanges, y usted los suyos aquÃ. En esto no hay dificultad alguna; ¿pero cómo nos arreglaremos entre nosotros? ¿Cómo nos repartiremos los lotes grandes…?
—Por Dios… Nada más sencillo que esto —afirmó Rigou—. Cada uno se quedará con lo que más le interese. Por mi parte yo no pienso causar preocupación a nadie, me quedaré con mi yerno y el señor Soudry con los bosques, pues están lo suficientemente devastados para que no puedan interesarle a usted; todo lo demás puede quedárselo; vale el dinero que empleará, de verdad.
—¿Firmará usted eso? —preguntó Soudry.
—Un documento asà carecerÃa de valor —respondió Gaubertin—. Además, ya ven ustedes que juego limpio; tengo plena confianza en Rigou, él será el comprador.
—Esto me basta —dijo Rigou.