Los campesinos

Los campesinos

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Allí estaban Vaudoyer, Tonsard y su familia, Godain, que en cierto modo formaba parte de ella, y un viejo viñador de apellido Laroche. Este hombre, que vivía al día, era una de los delincuentes proporcionados por Blangy en la especie de recluta ideado para fastidiar al general por su manía de formular denuncias. Blangy había proporcionado otros tres hombres, doce mujeres, ocho muchachas y cinco muchachos, cuyos maridos y padres tenían que responder a sus acusaciones, y que se hallaban en un estado de indigencia; pero eran también los únicos que no poseían nada. El año 1823 había sido muy bueno para los viñadores, y el 1826 debía, por la gran cantidad de uva que prometía la cosecha, aumentar aún más sus ingresos; asimismo, los trabajos emprendidos por el general hicieron que el dinero corriese fácilmente por las tres comunas que rodeaban sus propiedades, y hubiera sido muy difícil encontrar entre Blangy, Conches y Cerneux ciento veinte proletarios; únicamente podían hallarse ancianas, madres o abuelas de los que poseían algo, pero que personalmente no tenían nada, como la madre de Tonsard. Aquel Laroche, viejo obrero delincuente, no valía para nada, ni tenía, como Tonsard, la sangre caliente y viciosa; estaba animado por un odio frío y sordo, trabajaba en silencio y su aspecto era arisco; el trabajo era algo insoportable para él, pero no podía vivir si no trabajaba; sus facciones eran duras y su expresión repelía. A pesar de sus sesenta años, no carecía de fuerza, pero sus espaldas se habían ido debilitando, y andaba encorvado; se veía a sí mismo sin ningún porvenir, sin poder llegar a ser propietario de un pedazo de tierra, y envidiaba a los que la poseían; los bosques de Les Aigues no le merecían el menor respeto y se divertía haciendo destrozos inútiles.


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