Los campesinos
Los campesinos —¿Les dejaremos que se los lleven? —decÃa Laroche—. Después de Conches, le tocará el turno a Blangy; soy reincidente y me tocarán tres meses de cárcel.
—¿Y qué se puede hacer contra la gendarmerÃa, viejo borracho? —le dijo Vaudoyer.
—¡Toma! ¿Es que con las hoces no podrÃamos herirles las patas a los caballos? Pronto rodarÃan por el suelo; cargados los fusiles, y cuando se vean uno contra diez, no habrá quien los alcance. Si los tres pueblos se sublevasen y cayeran dos o tres gendarmes, ¿crees que iban a guillotinarnos a todos? No tendrÃan más remedio que plegar velas, como sucedió en otro lugar de la Borgoña, donde, en un asunto como el nuestro, tuvieron que mandar un regimiento. Pero en cuanto el regimiento regresó a sus cuarteles, los campesinos continuaron yendo al bosque, al que iban desde hacÃa muchos años, lo mismo que aquÃ.
—Matar por matar, mejor serÃa matar sólo uno —dijo Vaudoyer—; pero allÃ, sin peligro, de manera que todos los armañacs de la región se acobardasen.
—¿A cuál de esos bandidos te refieres? —preguntó Laroche.