Los campesinos
Los campesinos —Es un joven tan bondadoso que cuando no está aquà le echo de menos —decÃa el general—. Me gustarÃa que hiciese carrera y que abandonara la vida que lleva en ParÃs…
Jamás el magnÃfico paisaje y el parque de Les Aigues habÃan estado tan voluptuosamente hermosos como en aquellos dÃas. En los primeros dÃas del otoño, cuando la tierra, cansada de dar nueva vida, despojada de sus productos, exhala deliciosos aromas vegetales, los bosques sobre todo son algo maravilloso; empiezan a tomar ese tinte de un verde bronceado, cálidos colores de tierra de Siena, consiguiendo los bellos tapices bajo los cuales se esconden como para desafiar los frÃos del invierno.
La naturaleza, después de haberse mostrado en la primavera pimpante y alegre como una morena que aguarda, se hace entonces melancólica y suave, como una rubia que recuerda; la hierba se dora, las flores otoñales exhiben sus pálidos tonos, las margaritas abren más rara mente sus blancos ojos y no se ven ya más que cálices violáceos. Abunda el amarillo, las espesuras van quedando sin follaje y se oscurece su color; el sol, cuyos rayos caen en forma oblicua, vierte luces anaranjadas y furtivas, trazos luminosos que desaparecen rápidamente como los flotantes vestidos de las mujeres que dicen adiós.