Los campesinos
Los campesinos —Ese miserable de Michaud se lo ha aconsejado asà —dijo Tonsard—. Mi madre oyó como se lo decÃa; me lo ha contado en la Ville-aux-Fayes, adonde he ido a llevarle dinero y lo que pueda necesitar en la cárcel. Pues bien, que no los dé; los quinientos francos que nos han dado ayudarán a la Godain a pagar el pedazo de tierra, y Godain y yo sabremos vengarnos… ¡Ah! Si Michaud quiere entrometerse en nuestros asuntos, tendrá más perjuicios que beneficios… ¿Qué pueden importarle a él nuestras cosas, me pregunto yo? ¿Tiene algo que ver con lo que sucede en los bosques? Él es el verdadero culpable de todo lo que pasa…, tan verdad es esto como que fue él quien lo descubrió el dÃa que mi madre le cortó la respiración a su perro. ¿Y si yo me entrometiera también en los asuntos del castillo? ¿Si le contara al general que su mujer se pasea todas las mañanas por el bosque con un joven sin miedo al rocÃo? Hay que tener los pies muy ardientes para eso.
—El general, el general… —repuso Courtecuisse—. Se le puede manejar fácilmente, pero ese Michaud le calienta los cascos… Es más que un lioso que no sabe ni una palabra de su oficio… En mis tiempos de guarda las cosas iban de otra manera.
—¡Oh…! Entonces eran buenos tiempos para todos… ¿verdad Vaudoyer?