Los campesinos
Los campesinos —Esto puede dificultar la venta de Les Aigues —dijo Gaubertin delante de todo el mundo—. Yo no pienso comprarlas… Estos campesinos son demasiado malvados; incluso en tiempos de la señorita Laguerre tenÃa que pelearme con ellos, y bien sabe Dios como dejaba ella que hiciesen lo que quisieran.
Hacia finales del mes de mayo nada hacÃa prever que el general tuviera la intención de vender Les Aigues; seguÃa indeciso. Una noche, a eso de las diez, regresaba del bosque por una de las seis avenidas que conducÃan al pabellón, y habÃa despedido a su guarda, viéndose ya cerca del castillo. En un recodo del camino, un hombre, armado de un fusil, salió del matorral.
—General —dijo—, es la tercera vez que pasa usted por delante del cañón de mi fusil, y es la tercera vez también que le perdono a usted la vida…
—¿Y por qué quieres matarme, Bonnébault? —preguntó el conde sin demostrar la menor emoción.