Los campesinos
Los campesinos —Si no soy yo, será otro, y yo, ya lo ve usted, quiero a los que han servido al Emperador, y no puedo decidirme a matarle como a una perdiz… No me haga preguntas, que no quiero hablar… Pero sà quiero advertirle que tiene usted enemigos de cuidado, muy poderosos, que terminarán por aplastarle. Si le mato recibiré mil escudos, y podré casarme con MarÃa Tonsard. Pues bien, déme usted algunos miserables arapendes de tierra y una mala choza. Seguiré diciendo lo que he dicho hasta ahora, que no he encontrado la ocasión… Asà tendrá tiempo para vender sus tierras y marcharse; pero dése prisa, no pierda el tiempo. Por mala persona que yo sea, todavÃa hay algo bueno en mÃ; otro podrÃa hacerle mucho daño…
—¿Y si te doy lo que me pides, me dirás quién te ha prometido tres mil francos? —preguntó el general.
—No lo sé, y quiero demasiado a la persona que me obliga a hacer estas cosas para que pronuncie su nombre… Además, cuando usted sepa que es MarÃa Tonsard, no habrá adelantado mucho; MarÃa seguirá muda como una pared, y yo negaré siempre que le haya dicho nada.
—Ven a verme mañana —dijo el general.
—Esto me basta —respondió Bonnébault—. Si se sospechara de mÃ, le avisarÃa a usted.