Los campesinos
Los campesinos Hace pocos días tuvo lugar la boda de la señora condesa de Montcornet y el señor Blondet, nombrado prefecto. Para tomar posesión de su prefectura, siguieron un camino que pasaba por donde en otro tiempo estaban Les Aigues, e hizo detener el coche en el sitio donde antes se levantaban los dos pabellones, deseando visitar la comuna de Blangy, llena de tan dulces recuerdos para los dos viajeros. El país estaba irreconocible. Los bosques misteriosos, las avenidas del parque, todo había sido roturado; la campiña parecía el muestrario de un sastre. El campesino había tomado posesión de la tierra como vencedor y conquistador. Estaba ya dividida en más de tres mil parcelas, y la población de Conches y de Blangy se había triplicado. Al dedicar a la agricultura su bello parque, tan cuidado, tan voluptuoso en otro tiempo, se respetó el pabellón, convirtiéndolo en la villa El Buen Retiro de doña Isaura Gaubertin; era el único edificio que quedaba en pie y que dominaba el paisaje, o, por decirlo mejor, los pequeños lotes cultivados que reemplazaban el antiguo paisaje. Esa construcción parecía un castillo, tan miserables eran las casuchas de sus alrededores como lo son siempre las viviendas de los campesinos.