Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante AquÃ, Brummel suspiró:
—Nuestros modales de la mañana ya no son los de la noche —prosiguió por fin—. Para terminar, Jorge IV, cuya amistad tanto me ha honrado, se creyó seguramente mucho más grande el dÃa de su coronación que al dÃa siguiente. La indumentaria es pues la más inmensa modificación experimentada por el hombre social y pesa en toda la existencia. Ahora bien, no creo violar la lógica al proponerles a ustedes ordenar asà su trabajo: tras haber dictado en la segunda parte las leyes generales de la vida elegante —continuó—, deberÃan consagrar ustedes la tercera a las cosas que proceden inmediatamente del individuo, empezando por la indumentaria. Finalmente, a mi entender, la cuarta parte estarÃa destinada a las cosas que proceden inmediatamente de la persona y que contemplo como ACCESORIOS.
Disculpamos la predilección de Brummel por la indumentaria: habÃa constituido su gloria. Quizá sea una equivocación por parte de un gran hombre, pero no nos atrevimos combatirlo, a riesgo de ver esta afortunada clasificación rechazada por los elegantólogos de todos los paÃses. Decidimos caer en el error con Brummel.