Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante DOGMAS
La Iglesia reconoce siete pecados capitales y sólo admite tres virtudes teologales. ¡Por consiguiente, tenemos siete principios de remordimiento contra tres fuentes de consuelo! Qué triste problema: 3/7, el hombre/x… De modo que ninguna criatura humana, sin exceptuar a Santa Teresa ni San Francisco de AsÃs, ha podido escapar de las consecuencias de tan fatal proposición.
Pese a su rigor, este dogma gobierna el mundo elegante al igual que dirige el universo católico. El mal sabe estipular acomodamientos, el bien sigue una lÃnea severa. De esta ley eterna, podemos extraer un axioma confirmado por todos los diccionarios de los casos de consciencia:
XIX
El bien sólo tiene un modo, el mal tiene mil.
Por consiguiente, la vida elegante tiene sus pecados capitales y sus tres virtudes cardinales. SÃ, la elegancia es una e indivisible, como la Trinidad, la libertad y la virtud. De ahà resultan nuestros aforismos generales más importantes:
XX
El principio constitutivo de la elegancia es la unidad.
XXI
No hay unidad posible sin el aseo, la armonÃa y la simplicidad relativa.
