Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Pero no es la simplicidad más que la armonÃa, ni la armonÃa más que el aseo las que producen la elegancia: nace de una concordancia misteriosa entre estas tres virtudes primordiales. Crearla por todas partes y de repente, constituye el secreto de las mentes cándidamente distinguidas.
Al analizar todas las cosas de mal gusto que mancillan las indumentarias, los apartamentos, los discursos o el porte de un desconocido, los observadores encontrarán siempre que pecan por infracciones más o menos sensibles a esta triple ley de la unidad.
La vida exterior es una especie de sistema organizado que representa a un hombre con tanta exactitud como los colores se reproducen en el caparazón del caracol. AsÃ, en la vida elegante, todo se encadena y se acciona. Cuando Cuvier advierte el hueso frontal, maxilar o crural de un animal, ¿acaso no deduce toda una criatura, ya sea antediluviana, y no reconstruye al instante un individuo clasificado ya sea entre los saurios o los marsupiales, ya sea entre los carnÃvoros o los herbÃvoros? Este hombre nunca se ha equivocado: su genio le ha revelado las leyes unitarias de la vida animal.