Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante De modo que Brummel tenÃa razón al considerar la indumentaria como el punto culminante de la vida elegante; ¡porque domina las opiniones, las determina, las gobierna! A lo mejor es una desgracia, pero asà va el mundo. Allà donde hay más tontos, se perpetúan las tonterÃas; y, desde luego, hay que reconocer entonces esta reflexión por axioma:
XLI
La dejadez en la indumentaria es un suicidio mental.
Pero, si la indumentaria es todo el hombre, es aún más toda la mujer. La menor incorrección en el atavÃo puede hacer relegar a una duquesa desconocida a los últimos escalafones de la sociedad.
Al meditar acerca del conjunto de las cuestiones graves de que se compone la ciencia de la vestimenta, nos ha llamado la atención la generalidad de ciertos principios que rigen en cierto modo todos los paÃses, tanto para la indumentaria de los hombres como la de las mujeres; luego pensamos que para establecer las leyes del atuendo, habÃa que seguir el orden mismo en el que nos vestimos. Y entonces ciertos hechos predominan sobre el conjunto: porque, al igual que el hombre se viste antes de hablar y actuar, también se baña antes de vestirse. Las divisiones del presente capÃtulo resultan pues de observaciones concienzudas que han dictado asà la ordenación de la materia vestimentaria: