Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Hoy en día, nuestras costumbres han modificado tanto la ropa que ya no hay ropa propiamente dicha. Todas las familias europeas han adoptado el paño porque tanto los grandes señores como el pueblo han comprendido instintivamente esta gran verdad: es mucho mejor llevar paños finos y tener caballos que incrustar en un vestido las pedrerías de la Edad Media y la monarquía absoluta. Entonces, reducida a la indumentaria, la elegancia consiste en una extrema búsqueda en los detalles del vestir: no es tanto la simplicidad del lujo como un lujo de simplicidad. Hay perfectamente otra elegancia; pero sólo es la vanidad en la indumentaria. Empuja a ciertas mujeres a llevar tejidos originales para llamar la atención, emplear broches de diamantes para sujetar un nudo; poner una argolla brillante en el lazo de una cinta; ¡al igual que ciertos mártires de la moda, personas con cien luises de renta que viven en una buhardilla y quieren estar a la última, llevan piedras en la camisa por la mañana, se abrochan los pantalones con botones de oro, sujetan sus fastuosos lentes con cadenas y van a cenar a casa de Tabar…! Cuántos de esos tántalos parisinos ignoran, quizá voluntariamente, el siguiente axioma:
XLV
La indumentaria nunca debe ser un lujo.