Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante En efecto, ¿qué mujer de cuarenta años no considerará la indumentaria una ciencia profunda? ¿Acaso no admiten ustedes que no existiría gracia en el vestido si no están ustedes acostumbrados a llevarlo? ¿Hay algo más ridículo que la modistilla en traje de cortesana? Y en cuanto a la predisposición natural para la indumentaria, ¡cuántas devotas, mujeres y hombres hay por el mundo que gozan a profusión de oro, tejidos, sedas, las creaciones más maravillosas del lujo y las emplean para darse el aire de un ídolo japonés! De ahí, se deduce un aforismo tan verdadero que hasta las coquetas eméritas y los profesores de seducción deben estudiar siempre:
XLIV
La indumentaria no consiste tanto en el vestido como en una cierta manera de llevarlo.
Además, más que la misma ropa, lo que hay que captar es el espíritu de la ropa. Existe en las provincias e incluso en París un buen número de personas capaces de cometer, en materia de modas nuevas, el error de aquella duquesa española que, al recibir una preciosa palangana de estructura desconocida, tras mucho meditar, creyó entrever que su forma la destinaba a aparecer sobre la mesa y ofreció a las miradas de los comensales un estofado relleno, al no relacionar las ideas de higiene con la porcelana dorada de aquel mueble necesario.