Tratado de la vida elegante
Tratado de la vida elegante Según estos principios, derivados de una jurisprudencia exacta, basados en la observación y debidos al cálculo más severo del amor propio humano o, particularmente, femenino, está claro que una mujer mal hecha, deforme, jorobada o coja, debe procurar, por cortesÃa, disminuir los defectos de su planta; pero serÃa menos que una mujer, si imaginara producir la más ligera ilusión. Mademoiselle de la Valliére cojeaba con gracia y más de una jorobada sabe tomarse la revancha gracias a un ingenio encantador o las cegadoras riquezas de un corazón apasionado. ¡Nunca sabremos cuándo comprenderán las mujeres que un defecto les da inmensas ventajas…! El hombre o la mujer perfectos son los seres más nulos.
Terminaremos estas reflexiones preliminares, aplicables en todos los paÃses, con un axioma que puede prescindir de comentarios:
LIII
Un desgarrón es una desgracia, una mancha es un vicio.
Octubre-noviembre de 1830