Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador LA CAMPAÑA DE EL EMPECINADO
ESTANDO Aviraneta y el Empecinado en Madrid, fueron invitados a comer un día por el conde del Montijo, quien les esperó en compañía de una muchacha querida suya. Se sentaron los cuatro a la mesa, y hablaron de cosas indiferentes. Cuando acabaron de tomar el café, Montijo invitó al Empecinado a pasar a su gabinete. Aviraneta quedó solo con la muchacha, y comenzó a galantearla; ella se reía. En esto se oyó un estrépito de voces; la muchacha llamó al criado, se forzó la puerta del gabinete, y se vio al conde del Montijo debajo de una mesa, gritando, y al Empecinado amenazándole con el bastón en la mano. La muchacha empezó a chillar; pero el conde le tapó la boca, y el Empecinado y su ayudante se fueron.
Uno de los criados había visto y oído lo ocurrido. El conde había tratado de convencer al Empecinado de que era necesario cambiar de Gobierno y acabar con la Constitución; después le había intentado sobornar, y en vista de la frialdad del guerrillero, le dijo con cólera: «Es usted un bruto, incapaz de sacramentos». Entonces el Empecinado, enfurecido, dio tal bofetón al conde, que le tiró al suelo, y, enarbolando el bastón, intentó pegarle.
