Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador LA ESCAPADA DE VALLADOLID
ERA el final de abril del año 23 cuando llegó Aviraneta, a Valladolid a reunirse con el Empecinado. Había hecho, por orden suya, un llamamiento a los patriotas de Castilla la Vieja y a la Milicia Nacional.
Se encontraban dedicados a este trabajo cuando llegó a la ciudad del Pisuerga don Pablo Morillo, conde de Cartagena. El Empecinado trató de convencer a este general de que no pasara de Castilla; pero el conde de Cartagena no hizo caso del rudo ex guerrillero, y al día siguiente salía de Valladolid con todas sus fuerzas.
El Empecinado tenía pocas fuerzas; entre ellas, un pelotón de catalanes. Meses antes, al acercarse el Empecinado al Burgo de Osma, mandó al comandante que se hiciera alto y dejara descansar a sus tropas. Sin más compañía que la de Aviraneta y cuatro soldados, quiso entrar don Juan Martín en el pueblo a inspeccionarlo de manera sigilosa.
Iban marchando sin meter ruido, cuando el Empecinado advirtió una luz en una casa del arrabal.
—Chico —dijo a su acompañante—, ¿qué te apuestas a que en aquella casa hay facciosos?
—Es posible —replicó Aviraneta.
