Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador No deja de ser curioso que en un país como España, en donde se ha ensalzado a tanto personaje huero, sin valor, sin energía y sin inteligencia, se persiga con la antipatía hasta después de muerto a un hombre como Aviraneta, de gran valor, de gran inteligencia y de gran probidad.
En vista de que no encontraba datos, visité varios archivos, y, después de dar muchas vueltas, encontré la hoja de servicios de Aviraneta en el Archivo de las Clases Pasivas.
El encuentro tuvo algunos incidentes graciosos. Me había dado un amigo dos cartas: una para el subsecretario de Gobernación y otra para el de Hacienda. Fui al Ministerio de la Gobernación. El subsecretario me recibió muy amable, como hombre que sabe tratar a los literatos de manera familiar y campechana. Oyó lo que le decía; es decir, no sé si lo oyó, porque los políticos españoles no se toman el trabajo de oír, y llamó al timbre. Apareció un empleado.
—Vaya usted al Archivo con el señor Baroja y pregunte por el señor Tal, por el señor Cual, por cualesquiera de los archiveros, y dígales que sirvan al señor Baroja.
Salimos el empleado y yo del despacho del subsecretario y llegamos al Archivo, en donde, al llamar, se presentó el portero.