Aviraneta o la vida de un conspirador

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No pudo menos don Eugenio de reírse de semejante fanfarronada. Dijo Barradas que le había llamado para que le acompañara en la expedición, porque, con sus conocimientos, podía serle muy útil, y añadió que le nombraría ministro de Hacienda militar y secretario político de la expedición, con un buen sueldo.

Aviraneta contestó que le era imposible complacerle. A los pocos días, viendo que don Eugenio no acudía a su casa, se presentó Barradas en la de don Eugenio, acompañado del coronel Flores, a preguntar si había variado de opinión. Aviraneta le contestó que no, y Barradas se enfureció tanto que empezó a chillar, diciendo palabras malsonantes, y dando golpes en la mesa con su bastón, y concluyó diciendo a don Eugenio:

—Si no quiere venir por las buenas, yo le obligaré a ir por las malas, y si no le mando a España bajo partida de registro, pues sé que es usted un emigrado constitucional.

A los dos días llamó el capitán general Vives a Aviraneta a la Capitanía para leerle un oficio en el que Barradas haría responsable ante el Gobierno de Su Majestad al general Vives si no obligaba a ir en la expedición a San Juan de Ulúa a Aviraneta. El general dijo que todo aquello era una serie de intrigas y que rogaba a Aviraneta aceptase el acompañar a Barradas porque eran capaces de hacerles a ellos cualquier mala pasada.


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