Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador »Apenas tuvo conocimiento de la trama, quiso el jefe castigarla en su autor; pero la disposición en que halló los ánimos le reveló su impotencia. Entonces enseñó a Aviraneta la orden que tenía; y, convenciéndose este por sus propios ojos de que no le esperaba el trágico fin a que se consideró condenado por un ímpetu sangriento de Mina, se dio por satisfecho, y tuvo la prodigiosa habilidad de someter de nuevo la tripulación y las tropas a las órdenes de sus jefes naturales.
»En un momento deshizo lo que había hecho: restableció la subordinación que había relajado, lo volvió todo al estado normal. Sólo él soltó y sujetó los elementos revolucionarios como quiso y cuando le dio la gana.»
Pasaron con estos sucesos el estrecho de Gibraltar; al cabo de unos días arribaron a Santa Cruz de Tenerife, y fueron puestos a disposición del capitán general de esta isla.