Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador PRONUNCIAMIENTOS
ESTANDO ya en la península, Mendizábal persiguió a Aviraneta implacablemente; pero en Málaga halló asilo seguro y protección.
No obstante las muchas órdenes de prisión que se comunicaron contra él, y las cartas particulares que se escribieron para descalificarle pintándole como un intrigante sin honor y sin conciencia, hizo allí muy buenos amigos.
Su residencia en Málaga le proporcionó la ocasión de observar y conocer en globo las maquinaciones que se pusieron en juego desde la corte para derribar al ministro Istúriz y las intrigas que se tramaron para acabar con los isabelinos y dejar a Mendizábal como dictador de España.
Aviraneta aseguró varias veces que, a pesar de que había intervenido en los preparativos que se hicieron para la revolución de Málaga en 1836, no tomó parte alguna en los sucesos ocurridos en las calles.
En aquella época Málaga se hallaba en pleno período de efervescencia política; las noticias de la guerra que se recibían, los rumores de sublevación y el arresto de hombres conocidos por suponerlos revolucionarios, tenían al pueblo en completo y continuo sobresalto.
