Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador MAROTO Y ESPARTERO
POR aquella época, verano y otoño de 1838, todas las conversaciones comenzaron a girar alrededor de Espartero y de Maroto. Durante el mando del general Guergué, el desorden y la indisciplina habían cundido en las filas carlistas. Los políticos amigos de Don Carlos vieron el peligro, y el real decidió destituir al general navarro y llamar a Maroto, que entonces residía en Burdeos.
El grupo carlista moderado, con el padre Cirilo, a la cabeza, patrocinó la idea, y el partido fanático, a cuyo frente se había puesto el joven gallego Arias Teijeiro, se opuso con energía.
Triunfó la tendencia moderada, y en julio de 1838 se encargó Maroto del ejército, restableció la disciplina, organizó las tropas y la administración militar, e hizo que sus fuerzas ascendieran a más de veinticinco mil hombres.
Esto no pudo llevar la concordia a las filas carlistas; Maroto no tenía ninguna simpatía por Don Carlos; don Carlos sentía gran desconfianza y gran temor por Maroto.
Mil resentimientos y rivalidades corroían el campo carlista; verdad es que en el liberal ocurría lo propio.
