Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador El general García hizo la baladronada de asomarse al balcón de su casa con sus ayudantes a ver la entrada de Maroto, y no le saludó ni se presentó a él. Se decía que los batallones navarros estaban tomando posiciones en las casas del pueblo y en la carretera de Pamplona y de Logroño para oponerse al avance de Maroto, pero no era verdad.
De pronto se vio pasar por la plaza un cura rodeado de soldados. Como ya estaba oscurecido no se le veían las facciones.
El cura era el general García, que, disfrazado con sotana y manteo, pretendió escapar por el portal de San Nicolás, y el centinela le detuvo.
Se decía que le iban a fusilar vestido de cura.
De madrugada pasaron por las armas a los generales navarros Guergué, García, Sanz y Carmona. Los fusilaron en una era detrás de la casa del Prior, de espaldas y arrodillados, como a los traidores, y a García con la sotana que llevaba puesta para escaparse.
Al día siguiente le tocó el turno al secretario del Ministerio de la Guerra, Ibáñez, que fue también fusilado.