Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador EN MADRID
UNA vez enterado de las intrigas y rencillas que dividían a los carlistas de Cataluña, se volvió a Bayona. Al llegar se encontró con una esquela del ministro Pita Pizarro, en la cual le decía lacónicamente: «Es necesario que vuelva usted a Madrid».
Tomó la diligencia, y para primeros de octubre se instalaba en la corte en una casa de huéspedes de la calle de Preciados.
Fue primeramente a presentarse a don Pío Pita Pizarro, que le recibió con ansiedad, y le dijo que tanto la reina Cristina como él estaban muy satisfechos de su empresa.
—Ahora —añadía Pita Pizarro— es preciso que usted arregle sus apuntes y redacte una Memoria que contenga todos los hechos que se puedan contar referidos con sencillez y claridad.
A los pocos días llevó su borrador. Pita Pizarro indicó varias correcciones y adiciones, y devolvió el original a don Eugenio para que lo pusiera en limpio; con aquellos cambios se enviaría el escrito a la reina gobernadora.
Arregló la Memoria, y, en compañía de Pita Pizarro, se presentó en Palacio una noche de noviembre de 1839.
