Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador EXPULSADO
A mediados de abril salió para París a explorar personalmente el terreno, en vista del estado de incertidumbre en que estaban los negocios de España y la conjuración naciente.
Hasta el cuarto día de su llegada a París no pudo presentarse al embajador español, marqués de Miraflores.
Al presentarse al marqués, le dijo que el subsecretario del ministro del Interior había ido aquella mañana, de parte del ministro, a quejarse del viaje de don Eugenio a París, y que deseaban saber qué objeto le conducía allí. El marqués añadió que si no se hubiera presentado aquel día sé hubiera tomado una providencia para hacerle salir inmediatamente.
Aviraneta respondió al marqués que su viaje no tenía otro objeto que visitar la capital y los monumentos que encerraba.
Se despidió del marqués, y volvió a su casa lleno de recelos, pues supo muy pronto que el subprefecto de Bayona había avisado al Gobierno por telégrafo su salida de Tolosa, a instigación del cónsul Gamboa.
Tomó un coche, porque sus piernas estaban bastante cansadas desde el atentado de Madrid, y fue a entregar la carta al barón de Colins.
Era el barón un venerable personaje de más de sesenta años, muy bien conservado, fresco y limpio.
