Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador Tenía dos o tres casas en San Sebastián adonde iba de tertulia: la de Goñi, la de Alzate y la de Errazu, que eran parientes suyos, y solía pasar grandes ratos en la imprenta de Baroja. Allí se reunían con frecuencia el general don Nazario Eguía, el Manco; el intendente Arizaga, el general Van Halen, Antonio Flores, el autor de Ayer, hoy y mañana, y otros.
Unos años después, sintiendo de nuevo la nostalgia de la vida agitada de la corte, volvió don Eugenio a Madrid y se instaló con su señora en un piso de la calle del Barco. Doña Josefina tenía algunas amigas y pertenecía a una Junta de caridad.
Josefina y don Eugenio iban casi todos los años a tomar los baños de Trillo, y los veranos solían marchar a Salas de los Infantes y a San Leonardo.
En la casa de la calle del Barco, número 28, piso tercero, vivió don Eugenio unos trece años, y el día 8 de febrero de 1872, a las dos de la tarde, murió a consecuencia de una fiebre tifoidea.
Tenía ochenta años. En su testamento, hecho el día 5 de abril del año 1853, al poco tiempo de su boda indicaba que el entierro fuera pobre y sin ostentación, sin misas ni funerales. Legaba todo cuanto tenía a su mujer. Los testigos de este testamento fueron don Mauricio Castelo, el enemigo de Chico, y don José López. El testamento estaba fechado en Madrid ante el notario don Dionisio Antonio de Puga.