Aviraneta o la vida de un conspirador
Aviraneta o la vida de un conspirador —Oye, Echegaray. ¿Conque yo mandé asesinar al Brigante? ¿Conque nosotros no somos guerrilleros? ¿Conque somos unas viejas beatas que no hacemos más que rezar?
—Yo no he dicho eso, don Jerónimo.
—Ha habido quien te ha oÃdo, hijo mÃo. Hablaste con el hermano del Empecinado y con otro en una taberna de Peñaranda. ¿De manera que eres masón y republicano? ¡Ya me figuraba yo algo! Pues tendrás la suerte de los espÃas y de los traidores; serás fusilado por la espalda.
Aviraneta no replicó. Un oficial le quitó su espada dragona, y rodeado de soldados marchó a la cárcel.
Le llevaron prisionero a un caserón viejo de Salas de los Infantes, que Merino tenÃa habilitado con algunos calabozos; pero ayudado por uno de su escuadrón logró escapar por la buhardilla de la casa.
Salieron a la carretera y comenzaron a marchar hacia Palacios de la Sierra. No tenÃan sitio donde guarecerse; el amigo de Aviraneta, guerrillero apodado el Gato, le propuso esconderlo en una cueva del Urbión. Allà pasaron varios dÃas haciendo vida de trogloditas.
A mediados de enero, con un frÃo muy grande, decidieron la marcha. QuerÃan llegar cuanto antes a Soria.
Pocos dÃas después, Eugenio salÃa en galera para Madrid.