Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Al recorrer la casa, Fernando recordó con placer alguno que otro rincón; el gabinete, la alcoba suya, la cocina, el despacho del administrador le hicieron el mismo efecto de antipatía que cuando era muchacho. Estaba todo dispuesto y arreglado de un modo insoportable; los malos cuadros de iglesia abundaban; el piano de la sala tenía una funda de hilo crudo con ribetes rojos; las sillas y sillones se hallaban envueltos en idéntica envoltura gris. En las puertas de cada cuarto, cruzándolas, había gruesas cadenas de hierro.
Después de descansar del viaje, la primera idea que tuvo Fernando fue ir a casa de Tozenaque. Salió a la calle y se dirigió por una alameda polvorienta, y luego cruzando unos viñedos, hacia la casa de labor en donde antes vivía la muchacha. Llegado allí, contempló largo rato desde muy lejos el paraje, y a un hombre que se cruzó en el camino le preguntó por la familia de Ascensión.
Hacía mucho tiempo que se había marchado, le dijo. Se fueron primeramente a vivir a las Cuevas, porque andaban al parecer mal de dinero; después emigraron todos a Argel, excepto una de las chicas que casó en el pueblo.
Fernando preguntó cuál de las hijas era la que se había casado en Yécora; el hombre no le supo dar razón. Cruzó Ossorio por los viñedos y en la alameda se sentó sobre un ribazo, al borde del polvoriento camino.