Camino de perfeccion
Camino de perfeccion ¡Qué vida! ¡Qué horrorosa vida! Cuando más se sufre, cuando los sentimientos son más intensos, se le encerraba al niño, y se le sometÃa a una tortura diaria, hipertrofiándole la memoria, oscureciéndole la inteligencia, matando todos los instintos naturales, hudiéndolo en la oscuridad de la superstición, atemorizando su espÃritu con las penas eternas…
De allà habÃa brotado la anemia moral de Yécora; de allà habÃa salido aquel mundo de pequeños caciques, de curas viciosos, de usureros; toda aquella cáfila de hombres que se pasaban la vida bebiendo y fumando en la sala de un casino.
Era el Colegio, con su aspecto de gran cuartel, un lugar de tortura; era la gran prensa laminadora de cerebros, la que arrancaba los sentimientos levantados de los corazones, la que cogÃa los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvÃa a la vida convenientemente idiotizados, fanatizados, embrutecidos; los buenos, tÃmidos, cobardes, torpes; los malos, hipócritas, embusteros, uniendo a la natural maldad la adquirida perfidia, y todos, buenos y malos, sobrecogidos con la idea aplastante del pecado, que se cernÃa sobre ellos como una gran mariposa negra.