Camino de perfeccion
Camino de perfeccion —Es extraño —murmuró Ossorio—. Yo no estaba antes enamorado de esta mujer; hoy he sentido, más que amor, ira, al verla con otro. Mis entusiasmos son como mis constipados: empiezan por la cabeza, siguen en el pecho y, después… se marchan. Esta muchacha era para mà algo musical y hoy ha tomado carne. Y por dentro veo que no la quiero, que no he querido nunca a nadie; quizá si estuve enamorado alguna vez fue cuando era chico. SÃ; cuando tenÃa diez o doce años.
Recordaba en la vecindad de casa de su abuelo una muchacha de pelo rojizo y ojos ribeteados, a la cual no se atrevÃa a mirar, y que a veces soñaba con ella. Luego, ya de estudiante, esperaba a que pasara una modista por el mismo camino que llevaba él para ir al Instituto, y al cruzarse con ella le temblaban las piernas.
Mientras traÃa a la imaginación estos recuerdos lejanos, caminaba por Recoletos, oscuro, lleno de sombras misteriosas. Al verle pasar tan elegante, con la pechera blanca, que resaltaba en la oscuridad, las busconas le detenÃan; él las rechazaba y seguÃa andando velozmente, movido por el ritmo de su pensamiento, que marchaba con rapidez y sin cadencia.