Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Y Mencía, más sentimental, con las lágrimas en los ojos entornados, arrullaba y seguía achicando la frente, levantando las cejas, poniendo una cara de una voluptuosidad enferma:
En el hospitaliyo
a manita derecha
ayí tenía mi compañerito
su camita jecha.
Y la vieja palmoteaba gritando desaforada su estribillo. Toda la gente de los otros compartimientos, levantada, gritaba y tomaba parte en el espectáculo.
Después que se aburrieron de cantar, Cabeza de Vaca empezó a puntear un tango; Lolita se levantó, le pidió un sombrero ancho a un tipo de chalán o de ganadero, que iba en el vagón, se lo puso en la cabeza, inclinado, se recogió hacia un lado las faldas, y cuando el tren paró en una estación, comenzó a bailar el tango. Era el baile jacarandoso, lleno de posturas lúbricas, acompañado de castañeteo de los dedos, en algunos pasajes con conatos de danza de vientre; producía un entusiasmo entre los espectadores delirante. Jaleaban todos con gritos y palmadas. Al ir a concluir el baile, echó a andar el tren; Lolita perdió o hizo como que perdía el equilibrio, y fue a sentarse de golpe sobre las rodillas de Fernando. Este la cogió de la cintura y la sujetó sin que ella ofreciera gran resistencia.