Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Hago mil suposiciones para explicarme su azoramiento. ¿Por qué se ha turbado de tal manera? ¿Ha creído que tenía intenciones de mortificarla? Me decido a volver a hablarla.
Después de cenar, en un momento en que su padre ha salido del comedor y su madre ha quedado dormida, la he dicho:
—Esta tarde me pareció que le había molestado a usted lo que dije; no sé lo que pude decir, pero creo que interpretó usted mal mis palabras.
—¿Qué quiere usted? Soy muy torpe.
—Si alguna inconveniencia se me escapó, perdóneme usted; fue inadvertidamente.
—Está usted perdonado.
—¿Eso quiere decir que estuve inconveniente, y que, además, le molesté a usted?
No ha contestado nada.
Me he levantado de la mesa incomodado por una estupidez tal. Indudablemente, España es el país más imbécil del orbe; en otras partes se comprende quién es el que trata de ofender y quién no; en España nos sentimos todos tan mezquinos, que creemos, siempre en los demás intenciones de ofensa. Estoy indignado. He decidido encontrar un pretexto y largarme de aquí.