Camino de perfeccion
Camino de perfeccion En la primera página de la novela nos dice el narrador que había visto a Fernando en la sala de disección quitando un escapulario de un cadáver, pues coleccionaba cintas y medallas que traían los cadáveres que llegaban al depósito. Hay, pues, en Fernando ciertas manías enfermizas y una tendencia sadomasoquista. El ambiente que le rodea, está presentado con rasgos de decadencia finisecular. La sala de la casa, «tenía un aspecto marchito que agradaba a Fernando» (V, 36). El ambiente moral también es de una gran decadencia: abandona sus amistades de bohemia y empieza a reunirse con señoritos viciosos. Vemos que Fernando es un personaje típico de la literatura finisecular, el modernismo. Otro de los rasgos de su personalidad es su misticismo, la novela se titula, como sabemos, Camino de perfección (Pasión mística). Pero, ¿cómo se entendía el misticismo hacia finales del siglo XIX? Guillermo Díaz-Plaja al estudiar el libro de Max Nordau, Degeneración, dice que el misticismo se podía resumir como «una cierta incoherencia de pensamiento, obsesión, excitabilidad erótica y una vaga religiosidad»[5]. Así pues, la conducta de Fernando Ossorio con sus excitaciones eróticas, sus alucinaciones y sobre todo, sus vagas ideas sobre la religión, son el resultado de esa idea de misticismo, que Baroja trata de explicar como influencia del ambiente social, familiar y hereditario. Otra característica de Fernando es su rebeldía contra la religión. Fernando se había criado entre la fe de su nodriza y la incredulidad de su abuelo. Agravada esta situación con los dos años reclusión en los escolapios de Yécora, así lo describe: «Era el colegio, con su aspecto de gran cuartel, un lugar de tortura; era la prensa laminadora de cerebros (…), la que cogía los hombres jóvenes, ya debilitados por la herencia de una raza enfermiza y triste, y los volvía a la vida (…) idiotizados, fanatizados, embrutecidos» (XXVII, 229). «Allí —había dicho Fernando en el prólogo— me hice vicioso, canalla, mal intencionado; adquirí todas esas gracias que adorna a la gente de sotana y a la que trata de intimar con ella (I, 11).»