Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Todo este paisaje cambia cuando Fernando se adentra en la región levantina y no sólo por el cambio geográfico, sino por el cambio de estado anímico. Los adjetivos que ahora aparecen son de signo positivo: «encantador, luminoso, claro, sonriente, agradable, armonioso». Hay dos únicas notas negativas, que se encuentran en estos últimos capítulos, que presagian algo inquietante. La primera es cuando Fernando y Dolores viajan en tren hacia Tarragona y contemplan un faro en la noche: «Producía verdadero terror aquella gran pupila roja brillando sobre un soporte negro e iluminado con un cono de luz sangrienta el mar y los negruzcos nubarrones del cielo» (LVIII, 327). En el capítulo siguiente Dolores anuncia a Fernando que va a tener un hijo: es la niña que murió a las pocas horas de nacer. La segunda nota negativa aparece en el último capítulo. Han tenido un nuevo hijo, Fernando hace proyectos sobre su educación: «El día era de final de otoño (…); el viento soplaba con fuerza; bandadas de cuervos cruzaban graznando el aire» (LX, 333). Y las últimas palabras de la novela reflejan el dudoso éxito del proyecto educativo de Ossorio para su hijo: «Y mientras Fernando pensaba, la madre de Dolores cosía en la faja que había de poner al niño una hoja doblada del Evangelio».