Camino de perfeccion
Camino de perfeccion Dos años después, se ve a Fernando con su segundo hijo, y en medio del alud de esperanza que vislumbra con esa nueva vida, promete una educación más cercana a la naturaleza, sin los obstáculos y el atraso que el catolicismo ha implantado a la sociedad española. Sin embargo, la ironía con que Baroja finaliza la novela nos sumerge nuevamente en la incertidumbre, pues a pesar de los deseos de Fernando de generar un cambio profundo para su progenie, se ve a su suegra poniendo una hoja del evangelio en la faja del bebé, simbolizando con ello que el hijo no podrá escapar nunca de su tradición católica.