La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista UN ARMADOR FANTÁSTICO
TRAS DE SERVIR unos meses al Gobierno tomé el mando de un barco cuyo propietario era don Juan Sagardiburu, de Valparaíso, a quien conocí por una recomendación masónica, dada por un capitán de barco.
El tal Sagardiburu quería asociarme en sus negocios[134]. Era un hombre muy travieso y atrevido, hablador sempiterno, con algo, indudablemente, genial. Ideaba unos proyectos extraordinarios y todo lo consideraba posible y factible: el atravesar los Andes por un túnel, el desviar la corriente del Golfo, el enderezar el eje de la tierra…
Sagardiburu se emborrachaba con sus palabras y sus proyectos irrealizables. Era un verdadero orador.
Me contaron de él que, tiempo atrás, vivía en Lima y era muy amigo del mayordomo del palacio del presidente del Perú[135], y acordes los dos, Sagardiburu y el mayordomo, robaron todas las alhajas de plata y oro del palacio y se fueron a venderlas a Panamá, donde sacaron cincuenta o sesenta mil duros.
Al parecer, Sagardiburu tenía unos créditos que cobrar del Gobierno peruano, y puesto que no le pagaban, consideró lícito el quedarse con el tesoro del presidente.
