La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista LA VIDA EN LIMA[152]
COMO NO LLEGABA a encontrar una buena plaza cambié de postura como los enfermos y fui a establecerme al Callao, en donde me presenté a un tal Ugarte, de Baracaldo[153]. Ugarte poseía una docena de grandes fragatas. Hacían estas la carrera de Ultramar, con muchos capitanes vascongados.
El pueblo del Callao era entonces pequeño, como una capital de provincia; tenía una calle larga, con algunas casas buenas. Principiaba esta calle en el puente e iba hasta la iglesia, y se llamaba del Comercio. El resto eran chacaritas, casas bajas, sin tejado, construidas con vigas, maderas y cañas, o hechas con adobes.
La playa del Callao era de piedra redonda, de chispa. A poca distancia pasaba el río Rimac, desde las cercanías de Lima, y durante la sequía se convertía en un arroyo sin importancia.
El aspecto del Callao tenía algo de imponente, por los fuertes construidos por los españoles. El pueblo valía poco; el muelle, de madera, no valía mucho más. Al Oeste del muelle había cuatro barracas de tabla para almacenes.
