La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista DE DIABLOS
EN LAS MONTAÑAS áridas de los alrededores de Lima, hacia San Juan, cuando brotaban unas flores amarillas, las amancaes, se celebraba una fiesta.
En aquella fiesta oí hablar de la Perricholi, una cómica que algunos habían conocido. Esta historia de la cómica mestiza, que llegó a conquistar al virrey Amat y a obligarle a llevarla en coche en la procesión, entre la aristocracia criolla, y luego regaló el coche para el viático de la catedral, se recordaba todavía en Lima[164].
El nombre de la Perricholi era un apodo. Procedía de que su amante, el virrey Amat, que era un vejete catalán, cuando reñía con ella, para llamarle Perrachola, la llamaba algo como Perricholi, de donde le quedó el mote para siempre.
Algunos recordaban a la cómica cuando vivía dedicada a la devoción, achacosa y con muchos años, en una casa pequeña de la Alameda Vieja, a principios del siglo.
En esta fiesta de las amancaes, adonde yo había ido para entretenerme con algunos amigos, encontré de pronto a Chimista hablando con una limeña muy perfilada y muy redicha.
«Pero, hombre, ¿de dónde sales?, le pregunté.»
