La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista COSTUMBRES MARINERAS FILIPINAS[214]
A LOS POCOS DÍAS de mi estancia en Manila me presentaron a un comerciante montañés, don Martín de Baranda, quien me entregó el mando del bergantín Rosario.
Al bergantín Rosario, de doscientas cincuenta toneladas, le correspondían dieciséis hombres de tripulación, dos cañones de a doce, quince fusiles y otros tantos sables. El buque, como de cabotaje, no tenía piloto, sino únicamente contramaestre.
Mi sueldo sería sesenta duros al mes y la cámara libre para lo que quisiera llevar de pacotilla, y en caso de tomar pasajeros, la mitad para el dueño y la otra mitad para mí.
Cuando el buque quedó listo, fui a la Comandancia de Marina, con un talego de duros en la mano, y allí escogí mi tripulación: contramaestre, cocinero, gavieros y muchacho de cámara, pagándola a cada uno de estos un mes adelantado. En el primer viaje llevé como pacotilla garrafones de vino español y de aguardiente y cuarenta canastas de patatas de China.
En aquel barco, y sin más que un contramaestre, me veía en la precisión de quedar sobre cubierta constantemente para no exponerme a que embarrancara el buque.
Los marineros, ni de día ni de noche hacían guardia; de noche dormían sobre la cubierta sin usar cama ni más ropa que la puesta.
