La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista EL PROCESO DEL NAUFRAGIO
AL ANOCHECER llegamos a Marigondón, y nos presentamos en casa del gobernador, donde nos dieron de cenar y una muda de ropa. Se hizo el atestado del naufragio, y al dÃa siguiente Roque y yo, montados a caballo y dirigidos por dos indios prácticos, nos pusimos camino de Cavite. De Marigondón a Cavite se calculan unas ocho leguas; pero como habÃa que marchar entre maleza y matorrales, tardamos diez horas.
Al oscurecer llegué a Manila y fui a parar a mi casa de huéspedes; llamé al médico, y en una semana me puse bueno; luego hubo que presentarse a declarar a la Comandancia de Marina, acerca del naufragio del buque y de sus causas.
A los ocho o nueve dÃas de mi declaración tuve un disgusto grave: Roque, el muchacho de cámara, salvado en mi compañÃa, declaró ante el auditor que yo habÃa matado a un marinero filipino de un sablazo.
Unas semanas después me mandaron una citación, y vino un alguacil, de noche, a mà casa.
—¿Qué ocurre? —le pregunté.
—Tengo orden de llevarle preso a la cárcel de Binondo.
—Bueno.
