La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista ENCUENTRO RARO EN LONDRES
DECIDIDO POCO DESPUÉS a volver a España, me despedí de mis amistades y tomé pasaje en la fragata Isla de Luzón. En el mismo día y a la misma hora salieron para Cádiz otras tres, la Reina de los Ángeles, la Gertrudis y El Asia Feliz. En el viaje se murieron en nuestro barco algunos oficiales. Nos costó mucho trabajo remontar el Cabo de Buena Esperanza, porque había fuertes vientos.
Dio la casualidad de que ninguna de las cuatro fragatas salidas de Manila en el mismo día nos vimos en la ruta y, sin embargo, las cuatro entraron en el mismo momento en Cádiz.
Desde aquí marché a Elguea[340], y en el pueblo comenzaron a querer explotarme; mi madre y mi tío me dijeron que tenía que pagar una hipoteca de la casa; luego, que debía comprar unos quechemarines de cabotaje; después, que lo mejor sería que me quedara con unos caseríos.
Mi madre comenzó a marearme con reflexiones y consideraciones, queriéndome convencer de que no debía tener en la vida más plan que el de contentar a la gente de Elguea.
—Lo que piensen de mí los de Elguea me tiene sin cuidado —le decía yo—. No me preocupa más su opinión que la que puedan tener sobre mí los habitantes de las islas Chinchas[341].
