La estrella del capitan Chimista
La estrella del capitan Chimista LA INTENTONA[95]
NOS ACERCAMOS al pequeño desembarcadero. Se veía un tronco de árbol y quisimos aprovechamos de él. Tricu pretendió asegurarse de la solidez del tronco y le dio un golpe con el remo.
El supuesto tronco de árbol era un inmenso caimán.
Al sentir el golpe del remo agitó la cola y estuvo a punto de derribar a Tricu. El gran monstruo se escondió y pudimos desembarcar sin ningún obstáculo.
Se decidió que un marinero, Joshe Mari, quedara en el bote y los siete hombres restantes comenzamos a marchar por el barranco arriba.
Era una enorme grieta, siniestra, en aquel momento iluminada por la luna. Aquella hoz hubiera producido a cualquiera, no acostumbrado a la altura y al mar, el vértigo.
El barranco tendría unas tres millas de largo; probablemente había sido hecho por el arroyo que bajaba del monte. En algunas partes la gargantas se convertía en una hendidura con paredes de cincuenta y sesenta metros. El camino, estrecho, no dejaba pasar a más de dos hombres; en algunos sitios se convertía en una verdadera vereda de cabras.
