La intuicion y el estilo
La intuicion y el estilo A mí me parece una falsedad el axioma filosófico de Descartes «Cogito ergo sum» («Pienso, luego existo»).
Nada necesita dar ese giro a su espíritu para pensar que existe. Sabe que existe, porque oye, ve, anda, tiene sensaciones, etcétera. No echa mano de esta entelequia para saber que existe.
El abate Galiani era pequeño y grueso, tenía cuatro pies y medio de estatura y era uno de los hombres más divertidos del tiempo y el ídolo de las damas más linajudas de París, por su ingenio y alegría. Naturalmente, era napolitano. A pesar de que le llamaban abate, parece que no era cura. Yo tengo de él dos tomos de correspondencia, creo que con Madame d’Épinay, llenos de ingeniosidades. No recuerdo si en el prólogo de ese libro cuenta esta anécdota:
El jefe de policía de París había invitado a Galiani a un gran banquete de ceremonia. El abate necesitaba una peluca nueva, y la encargó a su peluquero. Llegó el día de la fiesta y la peluca no llegaba a casa. Un criado fue a buscarla.
El peluquero se excusó: su mujer había estado de parto, el niño había muerto y su mujer no se encontraba aún bien. No era extraño que el peluquero no hubiera podido terminar su obra, pero la enviaría por la tarde. El hombre llegó con su caja, la abrió con cuidado, y dentro se encontró el niño muerto el día antes.
